Actualmente hay una gran ocupación, y preocupación, por el aspecto físico. Se cuida mucho la apariencia, la imagen que se ofrece ante los sentidos, propios y ajenos.
Tanto preocupa la apariencia, que las operaciones de cirugía estética se han incrementado considerablemente: se quitan costillas para afinar la cintura, se raspan los huesos de la cara para afinar el óvalo, se cambia la nariz, se absorbe grasa de aquí y allá, se implantan pelos en la cabeza y se quitan otros de la cara y extremidades, se meten bolsas de diferentes sustancias en los pechos para hacerlos más abultados, se introducen sustancias para darle más grosor a los labios, se inyectan toxinas para paralizar los músculos del rostro, se estira la piel para aparentar más joven… y algunas otras operaciones más agresivas aún para el cuerpo humano.
También hay personas que queriendo verse, o que les vean, más altas, se alzan sobre tacones de muchos centímetros y caminan casi de puntillas sobre elevadas plataformas.
Se suele decir que si una operación de cirugía estética te hace sentir bien, más feliz, ¿por qué no hacerlo? “Si se te quitan los complejos con la cirugía…” Con esta poco acertada reflexión, se entra en la desafortunada espiral de impiedades que se le hacen al cuerpo.
¿Realmente creen que es así?
Un adicto a las drogas podría hacer la misma reflexión: “Me hace sentir bien y me quita los complejos, además, no hago daño a nadie…”
A veces no es sencillo discernir el límite existente entre una intervención necesaria y una derivada de conflictos psicológicos que no se saben resolver. Una intervención necesaria es, por ejemplo, normalizar una cara que ha sufrido quemaduras, o un tabique nasal realmente desviado, colocar los dientes en su sitio mediante una ortodoncia…, entre muchas otras. Una operación derivada de un conflicto psicológico sería la que modifica la figura y apariencias normales o naturales, propia de la inmensa variabilidad del ser humano y de su edad.
Millones de seres humanos que habitan este planeta, luchan a diario contra su propio cuerpo para ser admirados por el resto de la humanidad. ¿Por qué? ¿Por qué someterse a esta esclavitud a los demás, a su opinión y admiración? ¿Por qué torturan sus cuerpos? Hay un gran sufrimiento detrás de todo esto, pero no encontrando una verdadera solución para resolverlo, se operan.
Pero el sufrimiento psicológico no termina con la intervención quirúrgica. La necesidad de admiración, aceptación o reconocimiento, surgen del temor a ser rechazados, ignorados o menospreciados…, y estos temores no se quitan con una intervención quirúrgica, ni con drogas, sean éstas de la clase que sean. Un temor es la manifestación de experiencias, conclusiones, pensamientos, ideas y actitudes erróneas, que genera sufrimiento, confusión, reacciones perjudiciales… Es algo a resolver entendiendo, comprendiendo lo que nos ocurre, con todas sus implicaciones, racionales y emocionales. Entonces sí, se resuelven el temor y el sufrimiento, porque hemos ordenado nuestra mente.
Este apasionante proceso de entender los problemas, nos conduce a un bienestar profundo, a un aumento de la curiosidad por la vida, a una amplitud de la mente con sus capacidades.
El cuerpo es importante, tan importante que debemos aprender a escucharlo, a cuidarlo, a respetarlo, a mantenerlo limpio, sano, fuerte y bello. Pero le damos tanta importancia al aspecto mas externo del cuerpo, que lo torturamos, mutilamos, pintamos y distorsionamos. Y a esos cuerpos mutilados se les dice que son atractivos, cuando en realidad esconden un gran dolor, sea este dolor consciente o inconsciente.